Hay que señalar que la voz humanismo es de acuñación relativamente
reciente. Forjada en 1808 por el educador alemán F. J. Niethammer, surge
en principio en su aceptación pedagógica para designar a los estudios
lingüísticos, por oposición a los científicos y técnicos. Esta acepción
ofrece paralelismos con el término studia humanitatis que desde
autores latinos como Aulo Gelio y Cicerón se aplicaba a la formación
articulada entorno a cinco disciplinas del lenguaje: gramática, poética,
retórica, historia y filosofía moral.
En relación con la
reorientación pedagógica y cultural de la época surge en el Cuatrocento
el término humanista como denominación del profesional - maestro y
erudito - de los studia humanitatis. En 1859 el término humanismo
se usa en historiografía literaria para caracterizar culturalmente el
periodo protagonizado por los humanistas, por sus ideas profesionales,
sus intereses intelectuales y sus producciones literarias, que abren
camino a la Modernidad. Se trataba, en esencia, de un amplio programa
educativo que tenia por objetivo el cultivo de las facultades del hombre
a través de los studia humanitatis, centrado en el estudio de
los textos clásicos. Se contempló no sólo como la exhumación de una
civilización ejemplar, sino también como el alumbramiento de un mundo
capaz de competir con ella. La reivindicación de un enfoque lingüístico y
literario de la educación guarda íntima relación con el concepto latino
de humanitas, cualidad que para los antiguos media la superioridad del hombre con las restantes criaturas y que residía en la ratio,
la razón, cuyo instrumento esencial es el lenguaje: a través de la
palabra, de las letras, el hombre puede adquirir y expresar todo saber.
Humanistas como Poliziano, Lorenzo Valla, o Nebrija exaltan el ars grammática como núcleo de la actividad intelectual.
Frente
al esoterísmo escolástico, los humanistas predican que las artes del
lenguaje, adquiridas mediante la lectura, el comentario exhaustivo y la
imitación de los grandes autores - especialmente poetas historiadores y
moralistas-, deben ser llave de todo conocimiento. La filología,
apuntalad en un agudo sentido de la historia, se erige así en una vía
para el análisis de la realidad. Los studia humanitatis,
combinación peculiar y única de intereses intelectuales, dejaron su
señal sobre todo el periodo fuera incluso de los estudios humanistas:
todas las artes y las ciencias resultaron influenciadas por esta nueva
corriente.
http://html.rincondelvago.com/humanismo_1.html
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